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En el coche, un ritmo constante puede ser más barato que evitar kilómetros

Carreteras Cuando conducimos, a menudo vale la pena que nos planteemos una cuestión: ¿Qué es más económico: ir de un punto a otro por el camino más corto o elegir aquella ruta que nos permite un ritmo más constante? Cuando éramos pequeños nos enseñaron que la distancia más corta para unir dos puntos es una línea recta. Eso nos sirvió para aprobar aquellas matemáticas didácticas que no hablaban de números sino de puntos en el espacio y diagramas de Venn. El problema de este aprendizaje es que cuando lo intentamos llevar a la práctica, no siempre nos salen las cuentas. Y eso es así por dos motivos. De un lado, porque en determinados puntos de nuestra geografía cuesta encontrar carreteras que conecten puntos con extraordinaria rectitud. Cosas de la orografía. A cambio, el trazado de las rutas rectilíneas a menudo exige que nos desplacemos hasta ellas, con lo que acabamos haciendo una pila de kilómetros extra. Por otra parte, no hay que olvidar que nos movemos en un terreno tridimensional, por lo que las variaciones del plano horizontal se nos presentan en forma de ataques contra nuestro bolsillo: cuanto mayor es el número de subidas y bajadas, mayor es el consumo de nuestro vehículo. Lógicamente todo depende del trayecto que debamos cubrir. Si tenemos que ir de un punto a otro a lo largo de 15 Km de carreteras de mala muerte al borde de un precipicio, quizá salga más a cuenta hacer 20 Km en buenas condiciones. Pero si para cubrir esos 15 Km la alternativa nos sale por la friolera de 50 Km, entonces no sé yo si compensa el cambio. Hagamos números… Si voy por una carretera malucha, mi coche consumirá 7 litros a los 100 Km según los datos del ordenador de a bordo. Dicho de otra forma, 15 Km de curvitas me saldrán por 1,05 litros. Si voy por una carretera maja mi consumo baja a los 5 litros por cada 100 Km, lo que supone 1 litro cuando echo mano de esa ruta alternativa que me supone correr 20 Km. Sin embargo, la cosa se eleva a 2,5 litros si el hecho de tomar una carretera buena me supone acabar haciendo 50 Km. Hum, es cierto que hacer 20 Km sale más barato que hacer 15 Km, pero tampoco parece que esos 5 kilómetros de más me representen un ahorro significativo en materia de gasóleo. Total, si el otro día llené el depósito por 1,15 euros el litro, resulta que haciendo 5 kilómetros más me ahorro menos de 6 céntimos de euro (0,0575 €), que multiplicados por dos (ya que cada día tengo la costumbre de volver a casa) me da un ahorro diario de 0,115 euros, que mensualizado (multiplicado por 20) me supone 2,30 euros. ¿Sólo 2,30 euros? Sigue sin convencerme. Ahora me doy cuenta de un detalle. No es sólo que el coche consuma más, sino que sus elementos mecánicos sufren más por las continuas aceleraciones y desaceleraciones. Seguramente algunos puntos de mi coche se fatigarán algo antes si voy por caminos que no me garantizan un ritmo constante. Sin embargo, esto no puedo cuantificarlo con precisión para hacerme una idea del ahorro instantáneo que me puede suponer ir por el camino más largo pero menos sacrificado. Ah, había olvidado otro punto. Yendo por una carreterucha llena de curvas, mi velocidad oscila entre los 30 Km/h y los 70 Km/h en el mejor de los casos. Tengo comprobado que cuando voy a buscar la carretera buena, por la que circulo a 100 Km/h, me ahorro doce minutos por trayecto. Eso multiplicado por dos y por 20, como en el caso del carburante, me da un ahorro de 480 minutos mensuales. 8 horas completas, una jornada de trabajo. Un tiempo que, traducido a euros, ya me suena a ahorro verdadero. ¿O no?

2016-02-03T22:06:09+00:00